El lunes nos querrán

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Najat El Hachmi (Premio Nadal 2020)

Os suelo decir que algunos libros me dejan huella, una marca, unas veces un pensamiento amargo, otras veces acogedor, de alegría o tristeza. Algunos no los llego a terminar. Pero aquí trato de mostraros esos que siembran en mí un antes y un después.

Sin duda es una epopeya a la libertad de la mujer y a la amistad incondicional, que queda reflejado en cada una de sus páginas y en su propio título. Temas que aborda de una manera tan excepcional que no he podido dejar de leer de un tirón y ahora os resumo.

La dedicatoria nos dice mucho de lo que te vas a encontrar:

“A las valientes que se salieron del camino recto para ser libres. Aunque doliera”.

En un barrio de tres torres circundado por una plaza de cemento vive nuestra protagonista en unas casas de techos bajos, para ganar esa altura y así construir más pisos. En él habitan numerosas familias de inmigrantes marroquíes como Naíma, la hija de Muh, autoritario y para quien no es posible que la mujer se desvíe del camino correcto que marcan las tradiciones.

Sin embargo, Naíma es buena estudiante, le gusta leer, escribir y ante todo sentirse querida. Hará lo posible por acudir a otro instituto, en el que su condición racial de inmigrante la acompañará, algo que ella asume.

Conoce a otra chicha del barrio que estudia y trabaja en una peluquería, y cuyos padres son más permisivos. La amistad que forjan junto al deseo de independencia para salir de ese barrio y llegar a la gran ciudad de Barcelona. Allí sueñan con ser libres de ataduras y prejuicios, lo cual no estará exento de una serie de experiencias que al tiempo quebrarán sus ideales.

Acudir a la universidad, traspasar esa frontera del barrio para escribir y de esta manera, como nos relata: “estábamos conquistando territorios nuevos —impensables para nuestras madres—, estábamos rasgando todos los velos, escarbando agujeros con endebles cucharitas en murallas impenetrables”.

Pese a todo, y tras independizarse de sus familias, enamorarse sin el consentimiento de estas últimas, de otros jóvenes marroquíes, a quienes consideraban diferentes, las hace darse de bruces con la realidad y sus ideales.

“Ignorar los comentarios que oíamos en la fábrica sobre las moras, para sortear las etiquetas con las que nos embadurnaba todo el mundo. Sí, al fin vimos la vida exactamente como era y dejamos de creer en ideales”.

Una maternidad y su imposible conciliación laboral, las escasas oportunidades laborales que se cierran a cada paso por su condición y un entorno cultural que tampoco acoge a una segunda generación, la cual intenta distanciarse de la realidad de sus madres.

Una historia de una continua lucha por vivir sin ataduras, de decepciones y en un incesante deseo de ser querida con la amistad como baluarte.

“Lo único que queríamos era ser amadas. Tal como éramos, sin más. Sin tener que recortarnos ni adaptarnos ni someternos”.

Escrito por Leonor Pérez de Vega, autora del blog El dolor sí tiene nombre. Puedes seguirla en Twitter desde aquí.

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