Todo lo mejor

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César lo has vuelto a hacer, me tienes enganchada.

Os diré que Cesar Pérez Gellida que es paisano y lo cuenta allí donde va. En la pasada Feria del Libro de Valladolid tuve la suerte de charlar un rato con él. Le hablé de nuestra sección de “Lectupíldoras” en pacientes que cuentan y aunque su género puede que no guste a todos, particularmente yo soy muy fan, consciente de que un paciente con dolor puede preferir otra clase de novelas.

En las redes sus seguidores utilizamos el término #Soygellidista.

Ya os traeré más obras, ya que las he leído todas, aunque como he indicado el género es para gustos. La mayor parte de su obra, salvo dos, es novela negra, thriller psicológico con tintes duros y muchos, pero muchos asesinatos.

Aunque como siempre digo, la realidad supera la ficción.

Mi lema, que se lo comenté, es #LeerDistraeAlDolor, así como que la próxima reseña sería para #TodoLoMejor.

«Trazos azules en un gris despiadado o brochazos grises en un azul desalmado», cómo veo reflejada esta afirmación en el día a día de muchos pacientes con dolor crónico, al menos en la que ahora escribe.

Vamos a por ella.

En su última apuesta ha regresado según he leído con su novela más negra, si bien comparada con otras yo la veo más thriller. Os comentaré que aparecen personajes, que una ya conoce de sus obras anteriores, lo cual no constituye un obstáculo porque está tan bien construida que no va a ser un problema. No os preocupéis por este aspecto porque siempre recoge al final una relación de todos ellos, con el fin de que el lector se pierda en la trama.

En todo caso, hay que estar atento a la trama porque todo tiene un hilo conductor, debido en parte a los cambios de perspectiva que abundan entre el espionaje y el thriller psicológico con grandes dosis de novela negra que, en mi opinión, tan magistralmente lleva a cabo el autor.

Cesar Pérez Gellida nos sitúa en el Berlín de los años 80, en uno de los momentos más crudos de la guerra fría que tiene los días contados, con una descripción y maestría que parece que estás viviendo en esos escenarios.

Una cuidad separada por un muro y unida por un asesino, en el que el agente Viktor Lavrov, espía perteneciente al KGB y brillante psicólogo criminal prepara un operativo contra un líder de la RDA, algo que tiene que compaginar con una nueva misión: cazar al asesino.

En unas circunstancias algo extrañas conoce a Otto Bauer, inspector jefe de la Kriminalpolizei (policía del Berlín oriental). Ahí Entra en juego la gran labor de documentación e investigación que ha realizado el autor para ambientar esta novela, con capítulos cortos que facilitan el seguimiento.

Este último investiga la desaparición de varios niños procedentes de orfanatos, en los que la hematodixia o vampirismo une dichos asesinatos, dándonos a conocer a los lectores esa parafilia. Aquí jugará un papel importante nuestro pequeño Niclas cuya imaginación le ayudará a sobrevivir.

En el camino para resolver los crímenes y dar caza al asesino podrán contar con la ayuda de Max Pekeler (comisario de la Bundeskriminalist, policía del Berlín occidental), un agente del otro lado del muro, ya que en una Alemania comunista no se pueden dar esos casos de violencia y desapariciones.

«En la República Democrática Alemana no tenemos asesinos en serie; en realidad, todos los países al este del telón de acero son inmunes a esa lacra imperialista…» es la respuesta que suelen darle desde el Ministerio a Otto cuando les habla de un depredador que secuestra niños. Lo que le llevará a tener que trabajar en secreto con la ayuda de su hermana.

En definitiva, dos tramas: una de espionaje y otra de psicología criminal con un final inesperado.

¿Por qué ha elegido este título en su novela? No se lo he preguntado, puede que en esta afirmación esta la respuesta…

«Todo lo peor es lo mejor cuando a uno deja de importarle de qué lado está»

Enviado por Leonor Pérez de Vega, autora del blog El dolor sí tiene nombre. Puedes seguirla en Twitter desde aquí.

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